Cuando las empresas mineras abandonan sus minas, dejan atrás destrucción y miseria. La destrucción está dada por los drenajes ácidos de mina y por la desaparición de fuentes de agua. La miseria es por la desaceleración de la economía. La Granja, en Querocoto, Chota, acaba de despedir a todos sus trabajadores, buscando operar más tarde, cuando los precios internacionales de los metales mejor. En este caso, la minera no empezó con las labores de explotación aún.
A pesar de la obligación de cierre de minas y labores de monitoreo ambiental, que la legislación peruana ha incluido últimamente en su sistema normativo; los efectos ambientales a largo plazo, escapan de todo contexto.
En la actualidad, se está pidiendo al congreso de Estados Unidos, que en el paquete de proyectos para reactivar la economía, se cree un fondo de 250 millones de dólares para limpieza de pasivos industriales, dejados por las grandes mineras. Esto, se aduce, además de mejorar las condiciones ambientales, es fuente importante de trabajo.
Si en países como Estados Unidos, donde la legislación ambiental es estricta ¿Qué deberíamos esperar sobre el manejo de estos pasivos en nuestro país?
Los efectos de movilizar cientos de millones de toneladas, son tremendos. Esa es la razón por la cual la minería a cielo abierto está considerada una de las actividades más destructivas del planeta.
lunes, 26 de enero de 2009
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