martes, 2 de junio de 2009

DEL HORTELANO GORDO SU PERRO

Si el bienestar de una nación se midiera por el ancho de la cintura de su presidente…

El futuro de nuestra Amazonía debería preocuparnos a todos los peruanos. Tenemos una selva, en muchos lugares pura, no porque seamos ambientalistas, sino porque no existe carreteras de penetración, como las ha desarrollado Brasil décadas atrás, que generan vías secundarias para la extracción de recursos. Hace treinta años, en el gobierno de Morales Bermúdez, Brasil estaba interesado en “regalar” un puente de 520 metros de largo, para atravesar el Río Madre de Dios. El interés de los cariocas para salir al Pacífico no es nuevo. Probablemente ellos ganen más que nosotros con la transoceánica. La parte amazónica que nos corresponde, es un ecosistema frágil, y aún así posee la más alta diversidad de especies en el planeta.

Un vuelo a cualquier ciudad de la Amazonía nos ofrece un panorama de una selva inconmensurable. Poco se sabe que en este bosque tórrido los suelos son totalmente ácidos, peligrosamente lábiles, delgados y fácilmente erosionables y que, a diferencia de los bosques templados que tienen la materia orgánica en el suelo, la primera tiene la riqueza orgánica en la masa forestal. Nuestros árboles son anchos y con raíces aéreas para mayor sustento, a diferencia de las coníferas que pueden alcanzar cien metros o más.

En este medio viven las tribus amazónicas, en común con la naturaleza. Sus relaciones con el ambiente por primarias. Alimentación, vivienda, vestido. Como muchas poblaciones naturales, los escasos recursos regulan el tamaño de las tribus. Es posible que el número de nativos en nuestra amazonía, se haya mantenido por milenios inalterable, con excepción de las bajas que ocasionó la explotación del caucho o el “avance” de la civilización occidental. A pesar que explotan los recursos de la selva, saben sin conocerlo, que su relación es prístina. Que no pueden ir más allá. Sin saberlo inventaron la sustentabilidad antes que ECO 92.

En estas condiciones, dar en concesión tres cuartas partes de este bosque con tal megadiversidad, es un crimen de lesa humanidad. ¿Cuál es el apuro de acabar con este preciado ecosistema? García Pérez quiere llenar con facilismo las arcas que en algún momento depredó. Desde su primera administración su partido mostraba voraces apetitos por la Amazonía. “Por un par de lagartijas que hay allí no vamos a detener el progreso del Perú”, es una frase célebre de un diputado de su bancada, cuando se discutía concesiones petroleras en la Reserva de Pacaya Samiria.

Este ecosistema frágil es el que queremos destruir?

Solamente en Cajamarca, las explotaciones mineras de Yanacocha han desplazado más de 2500 campesinos de sus tierras, de sus costumbres, de sus tradiciones; trastocándolos culturalmente, volviéndolos totalmente pobres al pagárseles 80 soles por hectárea de sus suelos ancestrales. ¿Queremos hacer lo mismo con nuestras tribus amazónicas? ¿Dónde está el respeto por ellos? ¿Queremos dejar de lado su dignidad humana?

Nilton Deza

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